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    El barco negrero. Tragedia en el mar. (Castro Alves).

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    loren

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    El barco negrero. Tragedia en el mar. (Castro Alves).

    Mensaje  loren el Sáb Feb 18, 2012 2:40 am

    Título original. Navio negreiro
    Título en castellano. El barco negrero.Tragedia en el mar.
    Autor. Castro Alves, poeta romántico brasileño (1847-1871)

    En pleno mar… Salta audaz el espacio,
    un rayo de luna… Áurea mariposa,
    y las olas tras él corren, fatigan,
    como turba de chiquillos inquieta.

    Estamos en pleno mar… del firmamento,
    los astros saltan como espumas de oro…
    Mas el mar enciende fosforescencias,
    constelación de líquido tesoro…

    Estamos en pleno mar… Dos infinitos,
    allí se estrechan en abrazo insano.
    Azules, áureos, plácidos, sublimes…
    ¿Cuál es el cielo? ¿Cuál el océano?

    Aquí en pleno mar… desplegando velas,
    al fuerte alfar de las brisas marinas,
    el bergantín se desliza en los mares,
    cual rozan la ola las golondrinas.

    ¿De dónde viene o va? La nave errante,
    ¿quién el rumbo sabe en tan gran espacio?
    Sahara en que corceles el polvo alzan,
    galopan, vuelan, mas no dejan trazo.

    ¡Feliz el que allí puede en esta hora
    sentir de este cuadro la majestad!...
    Abajo, el mar… encima, el firmamento…
    Y en el mar y el cielo¡la inmensidad!

    ¡Oh qué dulce armonía trae la brisa!
    ¡Qué son suave el del lejano cantar!
    ¡Mi Dios!, cuán sublime es el canto ardiente,
    que en la infinita ola flota al azar.

    ¡Hombres del mar! ¡Oh rudos marineros,
    tostados por el sol de cuatro mundos!
    Hijos que las tempestades arrullan
    en la cuna de piélagos profundos!

    Esperad… esperad… dejad que beba
    esta salvaje, libre poesía...
    Orquesta es el mar que en la proa ruge
    y el viento que sobre las jarcias silba.

    ¿Por qué huyes así, bergantín ligero?
    ¿Y por qué huyes del pávido poeta?
    ¡Oh, quién pudiera vagar en tu estela
    que semejas en el mar audaz cometa!

    ¡Albatros! ¡Aguila del océano!
    ¡Oh, tú que entre gasas de nubes duermes!
    Suelta las penas, Leviatán del aire…
    ¡Albatros! ¡Albatros, dame tus alas!



    II

    ¿Qué importa el país del nauta,
    de dónde es, cuál es su hogar?
    ¡Ama del verso la pauta,
    que le enseña el viejo mar!
    Cantad, ¡la noche es divina!
    Boga el barco a la bolina
    igual que veloz delfín.
    Preso al palo de cangreja,
    a las olas que atrás deja,
    dice adiós un banderín.

    De España las cantinelas
    requebradas del languor
    recuerdan mozas morenas.
    Las andaluzas en flor.
    De Italia el hijo indolente
    canta a Venecia durmiente,
    tierra de amor y traición.
    O dice versos del Tasso,
    allá en la bahía, a un paso
    del volcánico peñón.

    El inglés, marino frío,
    que sobre la mar nació,
    pues Bretaña es un navío
    que Dios en la Mancha ancló,
    duro, entona, patrias, glorias,
    recuerda orgulloso historias
    de Nelson y de Abukir...
    El francés, predestinado
    canta lauros del pasado,
    laureles del porvenir...

    Lo marineros Helenos
    que la ola jonia crió,
    bellos piratas morenos
    del mar que Ulises cortó,
    hombres que Fidias tallara,
    cantan en la noche clara
    versos que Homero gemía...
    ¡Marinos de cualquier parte!
    El mar os enseña el arte
    de la celeste armonía...



    III

    Baja de inmenso espacio, águila del océano.
    Desciende más... aún más... no puede captar el ojo
    cuando te lanzas sobre el bergantín volador.
    ¡Pero qué ven mis ojos!…¡Qué cuadro de amarguras!
    ¡Qué fúnebre cantar!… ¡Y qué tétricas figuras!…
    ¡Qué cuadro infame y vil… ¡Mi Dios! ¡Mi Dios! ¡Qué horror!



    IV

    Sueño dantesco…el combés del bergantín,
    que de las linternas, el púrpura del brillo
    en sangre bañará.
    Tintinean los hierros… estalla el látigo.
    Legión de hombres negros como la noche,
    En tétrico danzar...

    Negras mujeres colgando de sus pechos
    niños enjutos, cuyas bocas prietas
    sustenta sangre materna,
    Otras mozas, desnudas y asustadas,
    en vértigo de espectros arrastradas,
    gimen lamentos vanos.

    Ríe la orquesta irónica, estridente…
    Girando fantástica la serpiente
    en locas espirales…
    si el viejo jadea… si en el piso cae,
    se escuchan los gritos… el fuste estalla…
    Y giran más y más.

    ¡Presa en eslabones de una cadena
    la multitud famélica bambolea,
    y llora y danza allí!
    Uno rabia, delira, otro enloquece,
    otro que bajo el martirio embrutece,
    cantando, gime y ríe!


    En tanto el capitán la faena ordena,
    y tras mirar al cielo desplegado,
    tan puro sobre el mar.
    Entre densa niebla, dice enfadado:
    "¡Vibrad con fuerza el fuste, marineros!
    ¡Hacedlos más bailar!…"

    Ríe la orquesta irónica, estridente…
    Girando fantástica la serpiente
    En locas espirales…
    ¡Como un sueño dantesco vuelan sombras!
    ¡Gritan y gimen, maldicen y ruegan,
    y ríe Satanás!



    V

    ¡Señor de los desgraciados!
    Decidme vos, Señor Dios,
    Si es locura... Si es verdad,
    tamaño horror ante vos...
    ¿Por qué no quieres borrar
    a fuerza de olas, oh mar,
    de tu manto este borrón?
    ¡Astros! ¡noche! ¡tempestades!
    ¡Caed de las inmensidades!
    ¡Barre los mares, tifón!...

    ¿Quién son estos desgraciados,
    a quienes darles no os plugo,
    más que el reír de la turba
    que excita al torvo verdugo?
    ¿Quién son?... Si calla la estrella,
    si la ola se atropella,
    como un cómplice fugaz,
    ante la noche confusa...
    ¡Dilo tú, severa musa,
    musa libérrima, audaz!

    Son los hijos del desierto,
    son los hijos del sol, rudos.
    Allá vuela en campo abierto
    la tribu de hombres desnudos...
    Son los guerreros osados,
    que con los tigres manchados
    pelean con decisión...
    Hombres simples, fuertes, bravos...
    Hoy son míseros esclavos
    sin luz, aire ni razón...

    Son mujeres desgraciadas,
    como Agar lo fue también,
    que sedientas, quebrantadas,
    lejos de su hogar se ven...
    Traen hijos en los regazos
    y cadenas en los brazos,
    y en el alma llanto y hiel.
    Como Agar, sufriendo tanto
    que ya ni leche ni llanto,
    le pueden dar a Ismael...

    En las arenas doradas,
    del país de los palmares,
    esas mozas agraciadas,
    tenían amor y lares...
    La caravana fue un día,
    cuando la Virgen sentía,
    elevarse su alma a Dios...
    ¡Adiós monte y adiós choza!...
    ¡Palmares que el agua roza!...
    ¡Adiós, amores... Adiós!...

    Después, del desierto extenso...
    Después, del inmenso mar...
    Y en el horizonte inmenso,
    desiertos de no acabar...
    La sed, el hambre... Agonía...
    ¡Cuánto infeliz cae un día,
    y no se levanta ya!
    Queda un hueco en la cadena,
    y el chacal, sobre la arena,
    devorando un cuerpo está...

    Ayer, en Sierra Leona,
    de leones cazador,
    durmiendo bajo la lona
    de la tienda sin temor...
    Hoy, el soldado profundo,
    Infecto, estrecho e inmundo,
    del que la peste es jaguar...
    Y el sueño siempre cortado,
    por el cuerpo de un finado
    que se estrella contra el mar.

    Ayer, la más libre vida,
    la voluntad por señor...
    Hoy, la libertad perdida
    hasta de morir de horror...
    Sólo una cadena hiriente,
    férrea, lúgubre serpiente
    es de todos la prisión.
    Y así, a la muerte robados,
    danzan estos desgraciados
    del látigo al triste son.

    ¡Señor de los desgraciados!
    Decidme vos, Señor Dios,
    Si es delirio... Si es verdad,
    tamaño horror ante vos...
    ¿Por qué no quieres borrar
    a fuerza de olas, oh mar,
    de tu manto esta deshonra?
    ¡Astros! ¡noche! ¡tempestades!
    ¡Caed de las inmensidades!
    ¡Barre los mares, tifón!...



    VI

    ¡Habrá un pueblo que la bandera preste
    para ocultar infamia y cobardía!…
    ¡Y en tan macabra fiesta la transforme
    en manto impuro de bacante fría!…
    ¡Mi Dios! ¡Mi Dios!, ¡mas, ¿qué bandera es ésta
    qué con impudicia en la gavia ondea?
    Silencio, Musa… llora, y llora tanto
    que mi pabellón se lave en tu llanto!…

    Auriverde bandera de mi tierra,
    que la brisa del Brazil besa y agita,
    estandarte que luz del sol encierra
    promesas divinas de esperanzas…
    Tú que en la libertad de la postguerra,
    fuiste izada por héroes en las astas.
    ¡Mejor te hubiesen roto en la batalla,
    que servirle a un pueblo de mortaja!

    ¡Oh, fatalidad que la mente embarga!
    ¡Extingue ahora el bergantín inmundo,
    la ruta que Colón abrió en la ondas,
    como iris en el piélago profundo!
    ¡Una ignominia!… De etérea región,
    levántense ya héroes del Nuevo Mundo!
    ¡Andrada, arranca ese pendón al aire!
    ¡Colón, cierra la puerta de tus mares!


      Fecha y hora actual: Mar Sep 26, 2017 12:22 am